Hace muy pocos días estuve en la selva peruana. Fui convocado esta vez
para, además de cantar, dar talleres de Canto y Evangelización para los músicos católicos. El lugar donde se realizaba la semana era un pueblo llamado Indiana (Jones? je) a 3 horas de la céntrica ciudad de Iquitos.
Ya bajar del avión en Iquitos es toda una experiencia. La ciudad abraza y abrasa. -Pasar de mis limeños 22ºC a los 38ºC de la selva es impresionante- A Indiana sólo se puede llegar por lancha recorriendo el imponente río Amazonas y puedes demorar de 1h 30 min a 4 horas dependiendo del tamaño del motor del transporte. Pero ya avanzar por sus aguas habla que estás en una tierra diferente con olor a tierra mojada, con nubes a punto de llorar, con gente muy afectuosa, con comidas en base a plátano y yuca. Simplemente lo que te toca hacer en esos casos es adquirir la maña del boyscout quien va a aprender y conocer.
Si, fui como profesor de los músicos católicos que están en los coros y ministerios musicales pero me convertí en un alumno de la naturaleza, y de la forma de ser de mis amigos del oriente peruano.
Dormir con el zumbido de las luciérnagas, con la bulla del río y las interesantes historias de la selva no se olvida así de simple. Espero no olvidarlo porque todo habla de lo diverso del Perú, de la bonita gente que puedes encontrar a sólo un paso, de cuan original es Dios, de cuánto se puede vivir a tope si te atreves a dejar el corazón en cada gira. Amigos de la selva, fui como profesor pero aprendí muchísimo de ustedes. Ánimo. Dios siga bendiciendo a la selva y sus encantos.
Ronnier
Ánimo y pasión por un mundo mejor
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